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Señor Jesús, envía tu
Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el
mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos
en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita
en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia
de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y
muerte.
Así, la cruz, que parecía
ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como
fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio
para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura,
en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en
los pobres y en los que sufren.
Tu palabra nos oriente a fin
de que también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y
testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de
nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de
paz.
Te lo pedimos a Ti, Jesús,
Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado
tu Espíritu. Amén.
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Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
JUAN 4,
5-42
Un
surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna
En
aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de
Samaria llamado Sicar, cerca del campo que
dio Jacob a su hijo José; allí estaba el
manantial de Jacob. Jesús, cansado del
camino, estaba allí sentado junto al
manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y
Jesús le dice: "Dame de beber."
Sus discípulos se habían ido al pueblo a
comprar comida. La samaritana le dice:
"¿Cómo tú, siendo judío, me pides
de beber a mí, que soy samaritana?"
Porque los judíos no se tratan con los
samaritanos. Jesús le contestó: "Si
conocieras el don de Dios y quién es el
que te pide de beber, le pedirías tú, y
él te daría agua viva." La mujer le
dice: "Señor, si no tienes cubo, y
el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el
agua viva?; ¿eres tú más que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, y de
él bebieron él y sus hijos y sus
ganados?" Jesús le contestó:
"El que bebe de esta agua vuelve a
tener sed; pero el que beba del agua que
yo le daré nunca más tendrá sed: el
agua que yo le daré se convertirá dentro
de él en un surtidor de agua que salta
hasta la vida eterna." La mujer le
dice: "Señor, dame esa agua: así no
tendré más sed, ni tendré que venir aquí
a sacarla."
[Él
le dice: "Anda, llama a tu marido y
vuelve." La mujer le contesta:
"No tengo marido." Jesús le
dice: "Tienes razón, que no tienes
marido: has tenido ya cinco, y el de ahora
no es tu marido. En eso has dicho la
verdad."
La
mujer le dice: "Señor,] veo que tú
eres un profeta. Nuestros padres dieron
culto en este monte, y vosotros decís que
el sitio donde se debe dar culto está en
Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme,
mujer: se acerca la hora en que ni en este
monte ni en Jerusalén daréis culto al
Padre. Vosotros dais culto a uno que no
conocéis; nosotros adoramos a uno que
conocemos, porque la salvación viene de
los judíos. Pero se acerca la hora, ya
está aquí, en que los que quieran dar
culto verdadero adorarán al Padre en espíritu
y verdad, porque el Padre desea que le den
culto así. Dios es espíritu, y los que
le dan culto deben hacerlo en espíritu y
verdad." La mujer le dice: "Sé
que va a venir el Mesías, el Cristo;
cuando venga, él nos lo dirá todo."
Jesús le dice: "Soy yo, el que habla
contigo."
[En
esto llegaron sus discípulos y se extrañaban
de que estuviera hablando con una mujer,
aunque ninguno le dijo: "¿Qué le
preguntas o de qué le hablas?" La
mujer entonces dejó su cántaro, se fue
al pueblo y dijo a la gente: "Venid a
ver un hombre que me ha dicho todo lo que
ha hecho; ¿será éste el Mesías?"
Salieron del pueblo y se pusieron en
camino adonde estaba él.
Mientras
tanto sus discípulos le insistían:
"Maestro, come." Él les dijo:
"Yo tengo por comida un alimento que
vosotros no conocéis." Los discípulos
comentaban entre ellos: "¿Le habrá
traído alguien de comer?" Jesús les
dice: "Mi alimento es hacer la
voluntad del que me envió y llevar a término
su obra. ¿No decís vosotros que faltan
todavía cuatro meses para la cosecha? Yo
os digo esto: Levantad los ojos y
contemplad los campos, que están ya
dorados para la siega; el segador ya está
recibiendo salario y almacenando fruto
para la vida eterna: y así, se alegran lo
mismo sembrador y segador. Con todo, tiene
razón el proverbio: Uno siembra y otro
siega. Yo os envié a segar lo que no habéis
sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis
el fruto de sus sudores."]
En
aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron
en él [por el testimonio que había dado
la mujer: "Me ha dicho todo lo que he
hecho."] Así, cuando llegaron a
verlo los samaritanos, le rogaban que se
quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
Todavía creyeron muchos más por su
predicación, y decían a la mujer:
"Ya no creemos por lo que tú dices;
nosotros mismos lo hemos oído y sabemos
que él es de verdad el Salvador del
mundo."
Palabra
de Dios
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para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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a) ¿Qué nos
ha llamado más la atención en la conducta tenida por
Jesús durante el diálogo con la Samaritana? ¿Qué
pedagogía ha usado para ayudar a la Samaritana a
percibir una dimensión más profunda de la vida?
b) ¿Qué nos llama más la atención en la
conducta de la Samaritana durante el diálogo con Jesús?
¿Qué influencia ha tenido ella en Jesús?
c) En el Antiguo Testamento ¿dónde está
asociada el agua al don de la vida y al don del Espíritu
Santo?
d) ¿En qué puntos la conducta de Jesús,
me interroga, interpela, provoca o critica?
e) La Samaritana ha llevado el tema de la
conversación hacia la religión. Si tú pudieras hablar
con Jesús y hablar con Él, ¿qué temas quisieras tratar
con Él? ¿Por qué?
f) ¿Será verdad que adoro a Dios en
espíritu y verdad o me apoyo y oriento más sobre ritos y
prescripciones?
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LECTURA: ¿Qué dice el
texto?a)
Clave de lectura
a) El simbolismo del
agua:
• Jesús usa la palabra agua, en dos
sentidos: en sentido material, normal del agua que quita
la sed y en sentido simbólico del agua como fuente de
vida y don del Espíritu. Verdaderamente Jesús usa un
lenguaje que las personas entienden y que, al mismo
tiempo, despierta en ellos la voluntad de profundizar y
de descubrir un sentido más profundo de la vida.
• El uso simbólico del agua tiene su
raíz en la tradición del Antiguo Testamento, donde es
frecuente la mística del agua como símbolo de la acción
del Espíritu de Dios en las personas. Jeremías, por
ejemplo, opone el agua viva del manantial al agua de la
cisterna (Jr 2,13). Cisterna cuanto más agua sacas,
menos agua habrás. Manantial, cuanto más agua sacas, más
agua tendrás. Otros textos del Antiguo Testamento: Is
12,3; 49,10; 55,1; Ez 47,1-3, etc. Jesús conoce las
tradiciones de su pueblo y sobre ellas se apoya en la
conversación con la Samaritana. Sugiriendo el sentido
simbólico del agua, evoca en ella (y en los lectores y
lectoras) todo un conjunto de episodios y frases del
Antiguo Testamento
b) El diálogo entre
Jesús y la Samaritana:
• Jesús encuentra a la Samaritana
cerca del pozo, lugar tradicional para los encuentros y
las conversaciones (Gén 24,10-27; 29,1-14). Él parte de
la necesidad muy concreta de su propia sed y obra de
modo que la mujer se sienta necesaria y servidora. Jesús
se hace el necesitado de ella. Por la pregunta, hace de
modo que la Samaritana pueda descubrir que Él depende de
ella para resolver el problema de su sed. Jesús
despierta en ella el gusto de ayudar y servir.
• El diálogo de Jesús y la Samaritana
tiene dos niveles.
(i) El nivel
superficial, en el sentido material del agua que
quita la sed a las personas y del sentido normal de
marido como padre de familia. A este nivel, la
conversación es tensa y difícil y no tiene continuidad.
Quien tiene ventaja es la Samaritana. Al principio,
Jesús ha intentado un encuentro con ella a través de la
puerta del trabajo cotidiano (sacar agua), pero no lo ha
logrado. Después, ha intentado la puerta de la familia
(llamar al marido), y tampoco ha tenido resultado.
Finalmente, la Samaritana ha tomado el tema de la
religión (lugar de la adoración). Jesús ha logrado
entrar por la puerta que ella ha abierto.
(ii) El nivel
profundo, en el sentido simbólico del agua como
imagen de la vida nueva traída por Jesús y del marido
como símbolo de la unión de Dios con su pueblo. A este
nivel, la conversación tiene una continuidad perfecta.
Después de haber revelado que Él mismo, Jesús, ofrece el
agua de la nueva vida, dice: "Ve, llama a tu marido y
luego regresa acá". En el pasado, los samaritanos
tuvieron cinco maridos, ídolos, ligados a cinco pueblos
que fueron llevados a aquel lugar por el rey de Asiria
(2Re 17,30-31). El sexto marido, el que tenía ahora, no
era el verdadero: "¡el que tienes ahora no es tu
marido!" (Jn 4,18). No realizaba el deseo más profundo
del pueblo: la unión con Dios, como marido que se une a
su esposa (Is 62,5; 54,5). El verdadero marido, el
séptimo, es Jesús, como fue prometido por Oseas: "Y te
haré mi esposa para siempre; y te desposaré conmigo en
justicia, en juicio, en piedad y misericordia. Y te haré
mi esposa fiel, y ¡reconocerás que soy el Señor!" (Os
2,21-22). Jesús es el esposo que llega (Mc 2,19) para
llevar la vida nueva a la mujer que lo ha buscado toda
la vida y, hasta ahora, no lo había encontrado. Si el
pueblo acepta a Jesús como "esposo", tendrá acceso a
Dios en cualquier parte que esté, tanto en espíritu como
en verdad (vv.23- 24).
• Jesús declaró su sed a la
Samaritana, pero no tomó el agua. Señal de que su sed
era simbólica y tenía relación con su misión, la sed de
realizar la voluntad del Padre (Jn 4,34). Esta sed está
todavía presente en Él, y lo estará por toda la vida,
hasta la muerte. Dice Él en la hora de la muerte: "Tengo
sed" (Jn 19,28). Declara que tiene sed por última vez y
así puede decir: "¡Todo se ha cumplido!" Después
inclinando la cabeza entregó el espíritu (Jn 19,30).
Realizó su misión.
c) El relieve de la
mujer en el Evangelio de Juan:
• En el Evangelio de Juan, las mujeres
se destacan en siete momentos, decisivos para la
divulgación del Evangelio. A ellas se le atribuyen
funciones y misiones, algunas de las cuáles, en los
otros evangelios, son atribuidas a las hombres.
• En las Bodas de Caná, la Madre de
Jesús reconoce los límites del Antiguo Testamento y
reafirma la grande ley del Evangelio: "¡Haced todo lo
que Él os diga!" (Jn 2,1-11). La Samaritana es la
primera persona que recibe de Jesús el más grande
secreto, a saber, que Él es el Mesías: "Soy yo, que
hablo contigo!" (Jn 4,26). Y se convierte en la
evangelizadora de la Samaria (Jn 4,28-30, 39-42). La
mujer, llamada la adúltera, a la hora de ser perdonada
por Jesús, se convierte en juez de la sociedad
patriarcal (o del poder masculino) que la quería
condenar (Jn 8,1-11). En los otros evangelios es Pedro
el que hace la profesión de fe en Jesús (Mt 16,16; Mc
8,29; Lc 9,20). En el evangelio de Juan, quien hace la
profesión de fe es Marta, hermana de María y Lázaro (Jn
11,27). María, hermana de Marta, unge los pies de Jesús
para el día de su sepultura (Jn 12,7).
• En aquel tiempo, quien moría en la
cruz, no tenía sepultura, ni podía ser embalsamado. Por
esto, María anticipó la unción del cuerpo de Cristo.
Esto significa que ella aceptaba a Jesús como el
Mesías-Siervo que debería morir en la cruz. Pedro no
aceptaba a Jesús como Mesías-Siervo (Jn 13,8) y trató de
disuadirlo (Mt 16,22). Así, María se presenta como
modelo para los otros discípulos. A los pies de la Cruz:
"¡Mujer, he ahí a tu hijo!". "¡He ahí a tu Madre!" (Jn
19,25-27). Nace la Iglesia de los pies de la cruz. María
es el modelo de la comunidad cristiana. La Magdalena
debe anunciar la Buena Nueva a los hermanos (Jn
20,11-18). Ella recibe una orden sin la cual todas las
otras órdenes dadas a los apóstoles no hubieran tenido
fuerza ni valor.
• La Madre de Jesús aparece dos veces
en el evangelio de Juan: al principio, en las bodas de
Caná (Jn 2,1-5) y al final, a los pies de la Cruz (Jn
19, 25-27). En los dos casos ella representa al Antiguo
Testamento que espera la llegada del Nuevo y, en los dos
casos, contribuye a fin de que el Nuevo pueda llegar.
María es el anillo de unión entre lo que era antes y lo
que debería venir después. En Caná, es ella, la Madre de
Jesús, símbolo del Antiguo Testamento, la que percibe
los límites del Antiguo y da los pasos para que el Nuevo
pueda llegar. En la hora de la muerte es la Madre de
Jesús, la que acoge al "Discípulo Amado". Aquí, el
Discípulo Amado es la nueva Comunidad que ha crecido en
torno a Jesús. Es el hijo que ha nacido del Antiguo
Testamento. A petición de Jesús, el hijo, el Nuevo
Testamento, acoge la Madre, el Antiguo Testamento, en su
casa. Los dos deben caminar juntos. Porque el Nuevo no
se puede entender sin el Antiguo. Sería un edificio sin
fundamento. Y el Antiguo sin el Nuevo sería incompleto.
Sería un árbol sin frutos.
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
6. Salmo 19 (18)
Dios dialoga con nosotros por medio de la
Naturaleza y de la Biblia
Los cielos cuentan la gloria del Señor,
proclama el firmamento la obra de sus manos.
Un día al siguiente le pasa el mensaje
y una noche a la otra se lo hace saber.
No hay discursos ni palabras ni voces que
se escuchen,
mas por todo el orbe se capta su ritmo,
y el mensaje llega hasta el fin del mundo.
Al sol le fijó una tienda en lontananza,
de allí sale muy alegre,
como un esposo que deja su alcoba,
como atleta, a correr su carrera.
Sale de un extremo de los cielos
y en su vuelta, que alcanza al otro extremo,
no hay nada que se escape a su calor.
La ley del Señor es perfecta, es remedio
para el alma,
toda declaración del Señor es cierta y da al sencillo la
sabiduría.
Las ordenanzas del Señor son rectas
y para el corazón son alegría.
Los mandamientos del Señor son claros y
son luz para los ojos.
El temor del Señor es un diamante, que dura para
siempre;
los juicios del Señor son verdad, y todos por igual se
verifican.
Son más preciosos que el oro, valen más que montones de
oro fino;
más que la miel es su dulzura, más que las gotas del
panal.
También son luz para tu siervo,
guardarlos es para mí una riqueza.
Pero, ¿quién repara en sus deslices?
Límpiame de los que se me escapan.
Guarda a tu siervo también de la soberbia,
que nunca me domine.
Así seré perfecto y limpio de pecados graves.
¡Ojalá te gusten las palabras de mi boca,
esta meditación a solas ante ti,
oh Señor, mi Roca y Redentor!
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ORACIÓN FINAL:
Señor Jesús, te damos gracia por tu
Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre.
Haz que tu Espíritu ilumine nuestras
acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu
Palabra nos ha hecho ver.
Haz que nosotros como María, tu Madre,
podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica
la Palabra.
Tú que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los
siglos.
Amén |
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TOMADO DE: https://ocarm.org/es/lectio-divina/2413-lectio-divina-marzo-de-2026/file
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