LECTIO DIVINA


 

 


 


 

-Tú conoces nuestra masa, te acuerdas que somos barro (sal 102)

-Soy pequeñ@, pero no olvido tus decretos, dame inteligencia y tendré vida (sal 118)

-Tu justicia es justicia eterna, no quiero olvidar Tu voluntad (sal 118)

-Para que pongas tu confianza en el Señor, te voy a instruir hoy (prov 22, 19)

-Envía tu Sabiduría para que sepa lo que es agradable a tus ojos (sáb. 9,9)

AMÉN.

Texto

Ver con los ojos del corazón, lo que dice el texto”

 

MATEO 21, 28-32

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.»

El le contestó:

-«No quiero.» Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo.

El le contestó:

-«Voy, señor.» Pero no fue.

¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?

Contestaron:

-El primero.

Jesús les dijo:

-Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas lo creyeron. Y aun después de ver esto vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.

Palabra de Dios


 



para conseguir depositar la Palabra en nuestro corazón

 



     

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior…

¿Qué me dice ese “vosotros”? ¿Me veo incluido o excluido?

¿Qué supone para mí el trabajo por el Reino, cómo suelo responder a la Palabra, diciendo o haciendo?

 ¿Cómo me suena esa inversión inesperada, justo los que son despreciables y pecadores están haciendo la voluntad del Padre, cuando acogen la Palabra?

¿Hasta qué punto mi fe y seguimiento de Jesús están marcados por convencionalismos o “estatus” que me doy a mí mismo/a o a los demás?

 

LECTURA:

¿Qué dice el texto?

Atiende todos los detalles posibles.

Fíjate en los términos y expresiones que aparecen en el texto, “arrepentirse”, “voluntad del Padre”, “creer”.

 También en la oposición entre “publicanos y prostitutas” y “vosotros”.

El evangelio se estructura en tres partes:

a) la parábola que Jesús dirige a sus interlocutores, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (vv. 28-31a);

b) la respuesta de Jesús, durísima, a sus interlocutores (v. 31b);

c) el razonamiento de la respuesta (v. 32). En el texto sobresalen tres temas: hacer la voluntad del padre (de Dios), arrepentirse (término que aparece al principio y al final del evangelio) y la fe, creer a Juan en tanto que precursor de Jesús. El relato tiene un fuerte carácter de interpelación (“Qué os parece”, “vosotros”) y enormemente paradójico (los “malos” (publicanos y prostitutas) van por delante de los “buenos” (sumos sacerdotes y ancianos del pueblo) hacia el Reino de Dios.

a) Contexto

Hemos dado un pequeño salto en el evangelio de Mateo y nos situamos en el capítulo 21.

El contexto en el que se encuentra esta parábola es de tensión y peligro.

Después del Discurso Comunitario (Mt 18), Jesús inicia su viaje definitivo hacia Jerusalén (19,1) para afrontar su destino anunciado ya desde Mt 16,21.

En Jerusalén, Jesús se convierte en motivo de conflicto. Por un lado el pueblo lo acoge con júbilo (21,1-11). Por otro lado los sumos sacerdotes y escribas lo critican. La situación se va tensando, al punto que Jesús debe pasar la noche fuera de la ciudad (21,17).

En Jerusalén Jesús realiza una acción sorprendente: la expulsión de los vendedores del templo (21,12-17) y, al día siguiente, maldice a una higuera, símbolo de la ciudad de Jerusalén y su templo: árbol sin fruto, sólo con hojas (21,18-22).

Después entra en el templo y comienza a enseñar a la gente. Mientras está hablando llegan los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo para discutir con Él.

Es a ellos a quienes Jesús les dice la parábola de hoy. La tensión irá creciendo con todos los grupos judíos y finalmente Jesús hace una larga y durísima denuncia contra los escribas y fariseos (23,1-36) y una breve y trágica acusación contra Jerusalén, la ciudad que no se convierte (23,37-39).

c) Elementos a destacar.

- La pregunta con que comienza el texto es provocadora: Jesús pide a sus oyentes que presten atención y den una respuesta. Aunque en el evangelio son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, la pregunta nos interpela ahora a nosotros. En base a un hecho familiar muy cotidiano, la parábola pone en cuestión el modo de hacer la voluntad del padre: no se trata de decir que sí o de buenos modales, se trata de obedecer en la práctica al padre. ¿Nuestra fe nos lleva a “decir” o también a “hacer”? .

- Jesús aplica la parábola al silencio de sus oyentes frente al mensaje de Juan Bautista (cf. 21,23-27). La respuesta que habían dado se convierte en la sentencia de su condena: los publicanos y las prostitutas son aquéllos que, inicialmente, habían dicho no al padre y que luego habían terminado por hacer la voluntad del padre, porque habían recibido y aceptado el mensaje de Juan Bautista, precursor de Jesús. Mientras ellos, los sumos sacerdotes y ancianos, son aquéllos, que inicialmente habían dicho sí al padre, pero no habían hecho lo que el padre quería, porque no quisieron creer el mensaje de Juan Bautista. Así, por medio de una simple parábola, Jesús lo cambia todo: aquéllos que eran considerados transgresores de la ley y condenados por esto, eran en verdad los que habían obedecido a Dios e intentaban recorrer el camino de la justicia, mientras los que se consideraban obedientes a la ley de Dios, eran en verdad los que desobedecían a Dios. .

- Esta parábola hoy debería provocar, probablemente, la misma rabia que Jesús provocó con su conclusión. Los “publicanos y prostitutas” de entonces ¿quiénes son hoy entre nosotros? Quizás personas que por su forma de ser o de vivir merecen nuestro reproche, porque no pertenecen a nuestro círculo religioso. Pero esas personas, muchas veces, tienen una mirada más atenta para percibir el camino de la justicia, que la de quienes vivimos todo el día en la órbita de la Iglesia. Percibir las cosas de Dios en la vida no es algo automático, no lo garantiza el hecho de formar parte de la comunidad cristiana. ¡Ojo! .

- La parábola empuja a pensar. Nos lleva a comprometernos en la historia y a reflexionar a partir de nuestra propia experiencia de vida y confrontarla con Dios. La parábola es una forma participativa de enseñar y de educar no de una vez, sino por partes. No hace saber, pero nos conduce a descubrir. En este caso, a descubrir cuál es la voluntad de Dios Padre sobre cada uno de nosotros y nuestras comunidades y comprobar hasta qué punto, de hecho, la vamos haciendo cada día.


 

“Le hablo al Señor, escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una intimidad de amor

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto?

Me pongo ante el Señor con mi verdad desnuda, con mi incomprensión de lo que significa recorrer ese camino de la justicia, con mi mirada convencional a las personas, con mis estrecheces ideológicas que clasifican a otros y no me dejan mirarme a mí mismo/a.

Le pido perdón, pero también su Espíritu para decidirme a renunciar a no dejarme engatusar por “seguridades” dudosas y abrazar con vigor el camino de la justicia y lo que conlleva.

¿A qué te compromete el texto?

¿Qué dimensión de mi vida puedo cambiar?

¿Qué hacer en concreto, por poco que sea, para ser consciente de mis “agujeros” en el seguimiento a Jesús y valorar lo que de camino de justicia tienen los hechos de personas a las que considero “fuera” de lo cristiano?

¡Algo que esté en mi mano de modo realista!
 

TOMADO DE: Diócesis de Vitoria