
LECTURA:
¿Qué dice el
texto?
Atiende todos los detalles posibles.
Fíjate en los términos y expresiones
que aparecen en el texto, “arrepentirse”, “voluntad del
Padre”, “creer”.
También en la oposición entre
“publicanos y prostitutas” y “vosotros”.
El evangelio se estructura en tres
partes:
a) la parábola que Jesús dirige a sus
interlocutores, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (vv.
28-31a);
b) la respuesta de Jesús, durísima, a
sus interlocutores (v. 31b);
c) el razonamiento de la respuesta (v.
32). En el texto sobresalen tres temas: hacer la
voluntad del padre (de Dios), arrepentirse (término que
aparece al principio y al final del evangelio) y la fe,
creer a Juan en tanto que precursor de Jesús. El relato
tiene un fuerte carácter de interpelación (“Qué os
parece”, “vosotros”) y enormemente paradójico (los
“malos” (publicanos y prostitutas) van por delante de
los “buenos” (sumos sacerdotes y ancianos del pueblo)
hacia el Reino de Dios.
a)
Contexto
Hemos dado un pequeño salto en el
evangelio de Mateo y nos situamos en el capítulo 21.
El contexto en el que se encuentra
esta parábola es de tensión y peligro.
Después del Discurso Comunitario (Mt
18), Jesús inicia su viaje definitivo hacia Jerusalén
(19,1) para afrontar su destino anunciado ya desde Mt
16,21.
En Jerusalén, Jesús se convierte en
motivo de conflicto. Por un lado el pueblo lo acoge con
júbilo (21,1-11). Por otro lado los sumos sacerdotes y
escribas lo critican. La situación se va tensando, al
punto que Jesús debe pasar la noche fuera de la ciudad
(21,17).
En Jerusalén Jesús realiza una acción
sorprendente: la expulsión de los vendedores del templo
(21,12-17) y, al día siguiente, maldice a una higuera,
símbolo de la ciudad de Jerusalén y su templo: árbol sin
fruto, sólo con hojas (21,18-22).
Después entra en el templo y comienza
a enseñar a la gente. Mientras está hablando llegan los
sumos sacerdotes y ancianos del pueblo para discutir con
Él.
Es a ellos a quienes Jesús les dice la
parábola de hoy. La tensión irá creciendo con todos los
grupos judíos y finalmente Jesús hace una larga y
durísima denuncia contra los escribas y fariseos
(23,1-36) y una breve y trágica acusación contra
Jerusalén, la ciudad que no se convierte (23,37-39).
c)
Elementos a destacar.
- La pregunta con que comienza el
texto es provocadora: Jesús pide a sus oyentes que
presten atención y den una respuesta. Aunque en el
evangelio son los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo, la pregunta nos interpela ahora a nosotros. En
base a un hecho familiar muy cotidiano, la parábola pone
en cuestión el modo de hacer la voluntad del padre: no
se trata de decir que sí o de buenos modales, se trata
de obedecer en la práctica al padre. ¿Nuestra fe nos
lleva a “decir” o también a “hacer”? .
- Jesús aplica la parábola al silencio
de sus oyentes frente al mensaje de Juan Bautista (cf.
21,23-27). La respuesta que habían dado se convierte en
la sentencia de su condena: los publicanos y las
prostitutas son aquéllos que, inicialmente, habían dicho
no al padre y que luego habían terminado por hacer la
voluntad del padre, porque habían recibido y aceptado el
mensaje de Juan Bautista, precursor de Jesús. Mientras
ellos, los sumos sacerdotes y ancianos, son aquéllos,
que inicialmente habían dicho sí al padre, pero no
habían hecho lo que el padre quería, porque no quisieron
creer el mensaje de Juan Bautista. Así, por medio de una
simple parábola, Jesús lo cambia todo: aquéllos que eran
considerados transgresores de la ley y condenados por
esto, eran en verdad los que habían obedecido a Dios e
intentaban recorrer el camino de la justicia, mientras
los que se consideraban obedientes a la ley de Dios,
eran en verdad los que desobedecían a Dios. .
- Esta parábola hoy debería provocar,
probablemente, la misma rabia que Jesús provocó con su
conclusión. Los “publicanos y prostitutas” de entonces
¿quiénes son hoy entre nosotros? Quizás personas que por
su forma de ser o de vivir merecen nuestro reproche,
porque no pertenecen a nuestro círculo religioso. Pero
esas personas, muchas veces, tienen una mirada más
atenta para percibir el camino de la justicia, que la de
quienes vivimos todo el día en la órbita de la Iglesia.
Percibir las cosas de Dios en la vida no es algo
automático, no lo garantiza el hecho de formar parte de
la comunidad cristiana. ¡Ojo! .
- La parábola empuja a pensar. Nos
lleva a comprometernos en la historia y a reflexionar a
partir de nuestra propia experiencia de vida y
confrontarla con Dios. La parábola es una forma
participativa de enseñar y de educar no de una vez, sino
por partes. No hace saber, pero nos conduce a descubrir.
En este caso, a descubrir cuál es la voluntad de Dios
Padre sobre cada uno de nosotros y nuestras comunidades
y comprobar hasta qué punto, de hecho, la vamos haciendo
cada día.