
LECTURA:
¿Qué dice el
texto?
Atiende todos los detalles posibles.
Fíjate en los términos y expresiones
que aparecen en el texto, “letrado”, “Ley”, “Maestro”,
“mandamiento” “amarás con todo/a”.
Fíjate en el contraste entre la
actitud del letrado y la de Jesús.
El v. 34 es un versículo de transición
que recuerda la conversación de Jesús con los saduceos
en el relato anterior y menciona la reunión de los
fariseos, escenario del relato siguiente.
El diálogo consta de la exposición (v.
35), la pregunta del letrado fariseo (v. 36) y una
respuesta muy larga de Jesús (vv. 37-40).
La palabra clave Ley (vv. 36 y 40;
además, letrado, de la misma raíz) engloba todo el
diálogo. El v. 40 añade una información que el letrado
no había preguntado, por lo que adquiere una especial
importancia como conclusión y lección de este evangelio.
a)
Contexto
Después de las tres duras parábolas
que Jesús dirige a los dirigentes judíos (Mt
21,28-22,14), comienzan las controversias de Jesús con
diversos grupos judíos.
Comienzan con los fariseos y el
tributo al César (texto del domingo anterior), y
continúan con los saduceos y el tema de la resurrección,
texto inmediatamente anterior al de esta semana.
Ahora, otra vez los fariseos quieren
poner en aprietos a Jesús con el tema del mandamiento
principal de la Ley.
Tras este episodio, Jesús propondrá a
los fariseos la cuestión del Mesías (22,41-46) y
comenzará el capítulo 23, una agria andanada de Jesús
contra escribas y fariseos.
c)
Elementos a destacar.
.- La pregunta planteada es muy
pertinente en aquel contexto: los judíos mantenían 613
mandamientos (365 prohibiciones, 248 preceptos) y su
“sistema legal” era muy enrevesado. Esto puede
significar para nosotros como una alerta en nuestro modo
de relacionarnos con Dios, si tenemos claras las
“urgencias” de nuestra fe, si atendemos “lo fundamental”
de ella en nuestra vida.
.- “Amar a Dios” no evocaba entonces,
ni debe hacerlo ahora, un sentimiento, ni oraciones, o
una mística que huye del mundo, sino el conocimiento del
único Dios y la obediencia a él dentro del mundo. Por
eso el texto pasa, irrenunciablemente, al amor al
prójimo. Pero ¿cómo conocer a quien no se ve? Este
primer mandamiento exige un estilo profundo de vivir la
fe, no es cosa de un rato al día o de la asistencia
sacramental. Lo incluye y lo supera. ¿A qué te mueve
esta necesidad de “vivir abiertos a la Trascendencia de
Dios”?
.- “Amar al prójimo” evocaba entonces,
y debe hacerlo ahora, un comportamiento práctico
solidario con el prójimo, pero en el contexto mateano,
“prójimo” adquiere una dimensión universal (cf. 5,43-48;
7,12). La medida de ese comportamiento es la medida que
cada uno usa para sí mismo. ¿A qué te mueve esta
necesidad de “vivir al servicio de todos los hermanos”?
.- Nosotros, en este mundo “ateo” e
“individualista” debemos traducir este texto en nuestra
vida para hacer realidad lo que el texto presupone:
anclar nuestro compromiso ético en una relación con Dios
que nos construye y nos va haciendo cada día. En este
sentido, la Biblia toda tiene un “primer” precepto: que
el amor de Dios puede equilibrar todo el amor del ser
humano, ya sea a Dios, al prójimo o a sí mismo.