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Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras
conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para
entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su
Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida
en nosotros.
Amén Amén.
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Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
MATEO 5,
1-12a
Dichosos
los pobres en el espíritu
En
aquel tiempo, al ver Jesús el gentío,
subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos; y él se puso
a hablar, enseñándoles:
"Dichosos
los pobres en el espíritu, porque de
ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos
serán consolados.
Dichosos los
sufridos, porque ellos heredarán la
tierra.
Dichosos los que tienen hambre y
sed de la justicia, porque ellos quedarán
saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios.
Dichosos los que
trabajan por la paz, porque ellos se
llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos
los perseguidos por causa de la
justicia, porque de ellos es el reino de
los cielos.
Dichosos vosotros cuando os
insulten y os persigan y os calumnien de
cualquier modo por mi causa.
Estad
alegres y contentos, porque vuestra
recompensa será grande en el
cielo."
Palabra
de Dios
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para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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¿Considero que
soy pobre de espíritu, es decir pongo toda mi vida en
manos de Dios? ¿Soy desapegado de los bienes terrenos?
¿De que debo desprenderme aún? ¿Intento vivir un estilo
de vida sobrio y simple, para testimoniar de forma
coherente el evangelio?
¿Cuáles son los motivos de mis aflicciones y tristezas?
¿Veo en estas situaciones dolorosas la posibilidad de
acercarme al Jesús que conoce lo que significa sufrir?
¿Comprendo lo que significa la promesa de Dios: que
quien sufre será consolado? ¿Esto, me da esperanza? ¿Soy
instrumento de consuelo para los demás?
¿Siento hambre y sed de justicia? ¿Tiendo a buscar la
justicia y santidad, o desde hace un tiempo me he
resignado a vivir en la mediocridad y tibieza? ¿Me
movilizan tantas situaciones de injusticia que ocurren
en la sociedad? ¿Cómo cristiano que puedo aportar en
esto?
¿Soy misericordioso? ¿Ante el error de mis hermanos,
reacciono con prejuicios o con misericordia? ¿Entiendo
que debo ser misericordioso porque Dios lo es conmigo?
¿Comprendo que en el tiempo actual los cristianos
estamos llamados a mostrar nuestra identidad
misericordiosa? ¿Me cuesta perdonar, por donde me
comprometo a empezar?
¿Soy puro de corazón? ¿Qué dicen mis intenciones,
pensamientos, miradas y palabras? ¿Trato de cultivar la
virtud de la pureza? ¿Comprendo que ser puro es tener un
corazón similar al de Jesús, que me permite conocer a
Dios más claramente?
¿Soy una persona de paz? ¿Con que acciones concretas
siembro paz? ¿Comprendo que con pequeñeces, como las
habladurías, rompo la paz entre mis hermanos?
¿Estoy dispuesto a sufrir por el evangelio? ¿En algún
momento se alejaron o burlaron de mí por el solo hecho
de creer? ¿Cómo reacciono ante estas situaciones? ¿Rezo
por tantos cristianos que viven en lugares de
persecución, hasta el punto de morir por causa de la Fe?
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LECTURA: ¿Qué dice el
texto?
El evangelio de este domingo nos
presenta el célebre relato de las bienaventuranzas,
también conocido como sermón de la montaña o sermón del
monte. Podemos afirmar que es la predicación más
conocida de Jesús.
El monte o montaña a la que hace
referencia se trataría de una elevación al norte del mar
de Galilea, cerca de Cafarnaúm. Galilea era considerada
tierra de paganos, pero de ella habían anunciado los
profetas como el lugar en el que aparecerá una gran luz.
Esta predicación de Jesús es
posterior a las tentaciones que enfrento en el desierto,
por lo tanto se trata de sus primeras actuaciones en su
vida pública.
“Al ver a la multitud, subió al
monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. 5-2:
Tomó la palabra y comenzó a enseñarles”. Jesús se
sienta: un gesto propio de la autoridad del maestro;
pero no como los maestros que se forman para ellos en
las escuelas; se sienta allí como el Moisés más grande,
que extiende la Alianza a todos los pueblos. De este
modo se aclara también el significado del monte. El
evangelista no nos dice de qué monte de Galilea se
trata, pero como se refiere al lugar de la predicación
de Jesús, es sencillamente “la nueva montaña”, el nuevo
Sinaí. “La montaña” es el lugar de oración de Jesús,
donde se encuentra cara a cara con el Padre; por eso es
precisamente el lugar en el que enseña su doctrina, que
procede de su íntima relación con el Padre. “La
montaña”, por tanto, muestra por sí misma que es el
nuevo, el definitivo Sinaí.
Aquí Dios habla muy de cerca, como
hombre a los hombres. El sermón de la montaña es la
nueva Torá que Jesús trae.
Las Bienaventuranzas han sido
consideradas con frecuencia como la antítesis del
Decálogo, pero Jesús ha dado siempre por descantada la
validez de este. En el sermón de la montaña se recogen y
profundizan los mandamientos de la segunda tabla de la
Ley, pero no son abolidos. Porque no ha venido Jesús a
abolir la Ley o los profetas, sino a dar plenitud a
estos.
Las Bienaventuranzas son palabras
de promesa que sirven al mismo tiempo como palabras
orientadoras. Cada una de las afirmaciones de las
Bienaventuranzas nacen de la mirada dirigida a los
discípulos; describen, por así decirlo, su situación:
son pobres, están hambrientos, lloran, son odiados y
perseguidos.
A pesar de la situación concreta
de amenaza inminente en que Jesús ve a los suyos, ésta
se convierte en promesa cuando se la mira con la luz que
viene del Padre. Referidas a la comunidad de los
discípulos de Jesús, las Bienaventuranzas son una
paradoja: se invierten los criterios del mundo apenas se
ven las cosas en la perspectiva correcta, esto es, desde
la escala de valores de Dios, que es distinta de la del
mundo. Precisamente los que según los criterios del
mundo son considerados pobres y perdidos son los
realmente felices, los bendecidos, y pueden alegrarse y
regocijarse, no obstante todos sus sufrimientos. Las
Bienaventuranzas son promesas en las que resplandece la
nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura,
y en las que “se invierten los valores”. Con Jesús,
entra alegría en la tribulación, en los momentos
difíciles.
Las Bienaventuranzas expresan lo
que significa ser discípulo, son la transposición de la
cruz y la resurrección a la existencia del discípulo. Al
leer las Bienaventuranzas, leemos una biografía interior
de Jesús, un retrato de su figura. Él es el auténtico
pobre, es el realmente humilde, él es verdaderamente
puro de corazón y por eso contempla a Dios sin cesar. Es
constructor de paz, es aquel que sufre por amor de Dios:
en las Bienaventuranzas se manifiesta el misterio de
Cristo mismo, y nos llaman a entrar en comunión con Él.
El Sermón de la Montaña resume
toda la moral cristiana, entendida no a la manera de un
código legal de prohibiciones y obligaciones, sino como
una invitación a ser “perfectos como es perfecto el
Padre que está en el cielo. Es un nuevo programa, más
exigente y gozoso a la vez, que de ninguna manera
inculca la “resignación” a los oprimidos o la pasividad
frente al mal. Tampoco propone un “tipo” de organización
social, pero sienta las bases y señala las pautas de
toda verdadera fraternidad. Es un nuevo estilo de vida,
que se funda en el amor llevado hasta sus últimas
consecuencias y convierte a los discípulos de Jesús en
“sal de la tierra” y “luz del mundo”.
Preguntas para recordar
el texto bíblico:
¿Hacia dónde se dirige Jesús al
ver a la multitud? ¿Qué hizo allí?
¿A quiénes les pertenece el Reino de los Cielos?
¿Qué dice Jesús que ocurrirá con los afligidos? ¿Y con
los desposeídos?
¿Qué dice Jesús sobre aquellos que tienen hambre y sed
de justicia?
¿Quiénes serán tratados con misericordia? ¿Y quiénes
verán a Dios?
¿Qué dice Jesús de aquellos que trabajan por la paz? ¿Y
de aquellos que practican la justicia?
¿Por qué deben regocijarse aquellos que sean insultados
o perseguidos a causa de Jesús?
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
Gracias, Dios de bondad, por Jesús, tu
Hijo y hermano nuestro,
que nos regaló un único y mejor mandamiento, el del amor
fraternal.
Ablanda, Señor, nuestro duro corazón para que nos cale
su mensaje,
la buena noticia de la liberación,
y soñemos con hacer realidad la utopía de Jesús,
para que sean felices en adelante los que ahora son
pobres,
para que no sufran más los que hoy pasan hambre y sed,
para que rían de felicidad los que hoy se sienten
tristes y amargados.
También queremos ser felices nosotros mismos, es lo que
Tú quieres,
pero sabemos que no hay otro modo de alcanzar nuestra
propia felicidad
que tratando de hacer felices a los demás.
Tu hijo nos ha dado ejemplo, ha dedicado su vida a
repartir felicidad.
Amén |

Para el momento de la contemplación
podemos repetir varias veces este versículo del
Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a
nuestro corazón.
«Alegraos y
regocijaos»
(Versículos 12)
Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la
resurrección para que otros crean.
5.- ACCION:
¿A qué me o nos comprometemos con
Dios?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio,
entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
En lo personal
Vuelvo a
leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita
a vivir las bienaventuranzas. Reflexionaré entorno a
ellas, y le dedicaré especial atención y practica a la
que tengo más abandonada. Esforzándome por mejorar, y
luego de un tiempo examinaré cuanto crecí y madure.
Elijo una de ellas, la escribo y me hago propuestas que
pueda evaluar en mi crecimiento cristiano.
Con tu grupo
Nos
comprometemos a ser una comunidad marcada por el signo
de las bienaventuranzas. Nos proponemos salir al
encuentro de otros jóvenes, y anunciarles la Buena
Noticia de las Bienaventuranzas. Lo hacemos de forma
novedosa y creativa. Puede ser a través de un encuentro
musical, redes sociales, pancartas públicas, y así
invitarlos a sumarse a alguno de los grupos juveniles. |
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TOMADO
DE: Cristonautas
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