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Señor Jesús, envía tu
Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el
mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos
en el camino de Emaús.
Con la luz de la Palabra,
escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la
presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu
condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final
de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de
vida y resurrección.
Crea en nosotros el
silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la
Escritura, en los acontecimientos y en las personas,
sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra
nos oriente a fin de que también nosotros, como los
discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de
tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás
vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de
justicia y de paz.
Te lo pedimos a Ti, Jesús,
Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado
tu Espíritu. Amén. |

Texto
“Ver con los
ojos del corazón, lo que dice el texto”
MATEO
5, 13-16
En aquel tiempo
dijo Jesús a sus discípulos:
-Vosotros sois
la sal de la tierra. Pero si la sal se
vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que
para tirarla fuera y que la pise la
gente.
Vosotros sois la
luz del mundo. No se puede ocultar una
ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se
enciende una vela para meterla debajo
del celemín sino para ponerla en el
candelero y que alumbre a todos los de
casa.
Alumbre así
vuestra luz a los hombres para que vean
vuestras buenas obras y den gloria a
vuestro Padre que está en el cielo.
Palabra
de Dios
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para conseguir depositar
la Palabra en nuestro corazón |
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i)
¿Cuál es la parte que más te ha llamado la atención?
¿Por qué?
ii) En primer lugar,
antes de tratar de entender el significado de las
palabras de Jesús sobre la sal, intenta reflexionar
dentro de ti sobre la experiencia que tú tienes de la
sal en tu vida y trata de descubrir esto: “Según mi
opinión ¿para que sirve la sal?”
iii) Partiendo después de
esta experiencia personal sobre la sal, trata de
descubrir el significado de las palabras de Jesús para
tu vida y para la vida de la comunidad y de la Iglesia.
¿Estoy siendo sal? ¿Está siendo sal nuestra comunidad?
¿Está siendo sal la Iglesia?
iv) Para ti ¿qué
significa la luz en tu vida? ¿Cuál es tu experiencia de
la luz?
v) ¿Cuál es el
significado de la parábola de la luz partiendo de la
aplicación que Jesús mismo hace de la parábola?
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LECTURA: ¿Qué dice el
texto?a)
Clave de lectura de las dos parábolas:
El domingo pasado habíamos meditado
las bienaventuranzas, que constituyen el principio del
Sermón de la Montaña y que describen las ocho puertas de
entrada en el Reino de Dios, para una vida en comunidad
(Mt 5,1-12). En este domingo meditamos la parte
siguiente, que presenta (Mt 5,13-16) dos parábolas muy
conocidas, la de la luz y la de la sal, con las que
Jesús describe la misión de la comunidad. La comunidad
debe ser sal de la tierra y luz del mundo. La sal no
existe para sí, sino para dar sabor al alimento. La luz
no existe para sí, sino para iluminar el camino.
Nosotros, nuestra comunidad, no existimos para nosotros
mismos, sino para los otros, para Dios.
Casi todas las veces que Jesús quiere
comunicar un mensaje importante, recurre a una parábola
o comparación, sacado de la vida de cada día. En
general, no explica las parábolas, porque tratan de
cosas que todos conocen por experiencia. Una parábola es
una provocación. Jesús provoca a los oyentes para que
usen su propia experiencia personal para entender el
mensaje que Él quiere comunicar. En el caso del
Evangelio de este domingo, Jesús quiere que cada uno de
nosotros analicemos la experiencia que se tiene de la
sal y de la luz para entender la misión de nosotros los
cristianos. ¿Habrá alguno en este mundo que no sepa qué
cosa es la sal o la luz? Jesús parte de cosas muy
comunes y universales para comunicar su mensaje
b) Una división del texto para ayudar
en la lectura:
Mateo 5,13: La parábola de la sal
Mateo 5,14-15: La parábola de la luz
Mateo 5,16: Aplicación de la parábola de la luz
a) Contexto del discurso de Jesús:
Contexto literario.
Los cuatro versículos del evangelio de este domingo (Mt
5,13-16) se encuentran entre las ocho bienaventuranzas (Mt
5,1-12) y la explicación de cómo hace falta entender la
Ley transmitida por Moisés (Mt 5,17-19). Después viene
la nueva lectura que Jesús hace de los mandamientos de
la Ley de Dios (Mt 5,20-48). Jesús pide considerar la
finalidad de la ley que según Él se contiene en estas
palabras: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre
celestial” (Mt 5,48) ¡Jesús nos pide imitar a Dios! A la
raíz de esta nueva enseñanza de Jesús, se encuentra la
nueva experiencia que Él tiene del Padre. Observando así
la ley, seremos Sal de la tierra y Luz del mundo.
Contexto histórico.
Muchos judíos convertidos continuaban
siendo fieles a la observancia de la ley, como hacían
desde la infancia. Pero ahora, habiendo aceptado a Jesús
como Mesías, y siendo fieles al mismo tiempo a las
enseñanzas recibidas de sus padres y de los rabinos,
ellos estaban colocándose fuera de su pasado hebreo,
eran expulsados de las sinagogas por los antiguos
maestros y hasta por sus padres (Mt 10,21-22). Y hasta
en la propia comunidad cristiana, sentían decir por los
paganos convertidos, que la Ley de Moisés estaba
superada y que no era necesario observarla. Se
encontraban entre dos fuegos. De un lado, los antiguos
maestros y compañeros que los excomulgaban. Por otro
lado los nuevos compañeros que les criticaban. Todo esto
causaba en ellos tensiones e inseguridades. La apertura
de unos criticaba la cerrazón de los otros y viceversa.
Este conflicto generó una crisis que llevó a encerrarse
cada uno en sus posiciones. Algunos querían seguir
adelante, otros querían colocar la luz bajo la mesa. Y
muchos se preguntaban: “Pero en definitiva ¿Cuál es
nuestra misión?”. Las parábolas de la sal y de la luz
nos ayudan a reflexionar sobre la misión.
b) Comentario del texto:
Mateo 5,13: La parábola de la sal
Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras
sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión
y la razón de ser de la Comunidad: ¡ser sal! En aquel
tiempo, con el caldo que se hacía, la gente y los
animales tenían necesidad de tomar mucha sal. La sal se
expendía por los vendedores en grandes bloques y estos
bloques se colocaban en la plaza para poder ser
consumados por la gente. La sal que quedaba caía a
tierra, no servía ya para nada y era pisado por todos.
Jesús evoca este uso para aclarar a los discípulos la
misión que deben realizar. Sin sal no se podía vivir,
pero lo que restaba de la sal no servía para nada.
Mateo 5,14-16: La parábola de la luz
La comparación es obvia. Nadie enciende un candelabro
para colocarlo bajo un celemín. Una ciudad puesta en lo
alto de un monte no consigue permanecer oculta. La
comunidad debe ser luz, debe iluminar. No debe tener
miedo de mostrar el bien que hace. No lo hace para ser
vista, pero lo que hace, puede y debe ser visto. La sal
no existe para sí. La luz no existe para sí. Así debe
ser una comunidad: no puede encerrase en sí misma.
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“Le hablo al Señor,
escucho el yo de Jesús y mi yo para llegar a una
intimidad de amor
Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Cuando me asaltan los malhechores
ávidos de mi carne,
ellos, adversarios y enemigos,
tropiezan y sucumben.
Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no teme;
aunque estalle una guerra contra mí,
sigo confiando.
Una cosa pido a Yahvé,
es lo que ando buscando:
morar en la Casa de Yahvé
todos los días de mi vida,
admirar la belleza de Yahvé
contemplando su templo.
Me dará cobijo en su cabaña
el día de la desgracia;
me ocultará en lo oculto de su tienda,
me encumbrará en una roca.
Entonces levantará mi cabeza
ante el enemigo que me hostiga;
y yo ofreceré en su tienda
sacrificios de victoria.
Cantaré, tocaré para Yahvé.
Escucha, Yahvé, el clamor de mi voz,
¡ten piedad de mí, respóndeme!
Digo para mis adentros:
«Busca su rostro».
Sí, Yahvé, tu rostro busco:
no me ocultes tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
Yahvé me acogerá.
Señálame, Yahvé, tu camino,
guíame por senda llana,
pues tengo enemigos.
No me entregues al ardor de mis rivales,
pues se alzan contra mí testigos falsos,
testigos violentos además.
Creo que gozaré
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé
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Señor Jesús, te damos gracia por tu
Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre.
Haz que tu Espíritu ilumine
nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir
lo que Tu Palabra nos ha hecho ver.
Haz que nosotros como María, tu
Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en
práctica la Palabra.
Tú que vives y reinas con el
Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los
siglos de los siglos. Amén. |
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TOMADO
DE: Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo
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